24/06/2007

Lo que él vio

"Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta anõs vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo."

Jorge Luis Borges (donde quiera que usted esté, muchas gracias). Hoy lo recordé en una cena londinense, el Aleph encierra la mejor descripción del mundo que alguna vez leí.

1 blah, blahs:

Pau Vaccaro said...

And in English...

I saw the dawn and the dusk; I saw the multitudes of America; I saw a silver-plated cobweb at the center of a black pyramid; I saw a tattered labyrinth (it was London); I saw interminable eyes nearby looking at me as if in a mirror; I saw all the mirrors in the planet and none reflected me; in an inner patio in the Calle Soler I saw the same paving tile I had seen thirty years before in the entranceway to a house in the town of Fray Bentos; I saw clusters of grapes, snow, tobacco, veins of metal, steam; I saw convex equatorial deserts and every grain of sand in them; I saw a woman at Inverness whom I shall not forget: I saw her violent switch of hair, her proud body, the cancer in her breast; I saw a circle of dry land on a sidewalk where formerly there had been a tree; I saw a villa in Adrogué; I saw a copy of the first English version of Pliny, by Philemon Holland, and simultaneously every letter on every page (as a boy I used to marvel that the letters in a closed book did not get mixed up and lost in the course of a night); I saw night and day contemporaneously; I saw a sunset in Querétaro which seemed to reflect the color of a rose in Bengal; I saw my bedroom with nobody in it; I saw in a study in Alkmaar a terraqueous globe between two mirrors which multiplied it without end; I saw horses with swirling manes on a beach by the Caspian Sea at dawn; I saw the delicate bone structure of a hand; I saw the survivors of a battle sending out post cards; I saw a deck of Spanish playing cards in a shopwindow in Mirzapur; I saw the oblique shadows of some ferns on the floor of a hothouse; I saw tigers, emboti, bison, ground swells, and armies; I saw all the ants on earth; I saw a Persian astrolabe; in a desk drawer I saw (the writing made me tremble) obscene, incredible, precise letters, which Beatriz had written to Carlos Argentino; I saw an adored monument in La Chacarita cemetery; I saw the atrocious relic of what deliciously had been Beatriz Viterbo; I saw the circulation of my obscure blood; I saw the gearing of love and the modifications of death; I saw the Aleph from all points; I saw the earth in the Aleph and in the earth the Aleph once more and the earth in the Aleph; I saw my face and my viscera; I saw your face and felt vertigo and cried because my eyes had seen that conjectural and secret object whose name men usurp but which no man has gazed on: the inconceivable universe."